• Alejandro Toro

LA LIBERTAD DE APRENDER SIN PREMIOS NI CASTIGOS

El método Montessori se destaca por permitirles a los niños buscar por sí mismos el conocimiento.

Las capacidades desarrolladas durante los primeros años de los niños bajo los parámetros del método Montessori se manifiestan en autodisciplina.

Foto: iStock


En la educación tradicional, bajo la cual fue y es formada la mayoría de los colombianos, reza que a los estudiantes se les debe decir qué aprender, cuándo y cómo gracias a currículos y parrillas de materias y enseñanzas estandarizadas y poco flexibles, haciendo del conocimiento una obligación y no una exploración, menos una decisión por parte de los alumnos. Si está bien o no, es algo que los niños y jóvenes van descubriendo en la medida en que crecen y se enfrentan a retos que requieren de mucho más que lecciones aprendidas de memoria y tareas hechas por cumplir y obtener una buena calificación en el boletín.

Pero no es el único modelo educativo que se aplica en Colombia, especialmente en etapas de preescolar y primaria.


Una de las alternativas es la denominada metodología Montessori, que debe su nombre a la pedagoga y humanista italiana María Montessori, quien a principios del siglo XX concibió una propuesta revolucionaria para su época y que, aún hoy, es completamente disruptiva. Sonia Sarmiento, directora del Jardín Infantil Creciendo con Montessori, declara que “antes que un método meramente educativo, se trata de una filosofía de vida. Cuando María Montessori comienza a desarrollarlo con base en la observación científica descubre, básicamente, que en el niño están presentes unas potencialidades muy grandes y que en él existe ya un ser humano total. Entonces, y considerando estos hallazgos, ella declara que lo que se requiere para potenciar esas características son un ambiente adecuado y un adulto preparado”. Con base en eso, el método Montessori promueve el desarrollo integral de los niños, considerando tanto lo cognitivo como lo espiritual, lo social y lo afectivo. “La metodología busca que cada infante pueda encontrar y desarrollar el ser que existe en su interior. Muchos creen que cuando nace un niño, hay que llenarlo de información y moldearlo como el adulto quiere, pero no nos ponemos a pensar en el ser que ya existe dentro de cada menor”, manifiesta Mónica Tamayo, fundadora del Saint Mary Preschool y del Colegio Montessori, en Bogotá. Sylvia Vásquez, dueña y directora del Jardín Infantil Mundo Montessori, apuntala ese concepto aclarando que “el método Montessori no se puede limitar a lo estrictamente educativo, porque María Montessori busca educar para la vida, con un énfasis muy marcado en el concepto de libertad”. De esta manera se le permite al niño ser un maestro, mientras que las personas mayores se convierten en guías. “María Montessori dice que el niño no debe ser forzado a aprender. La metodología promueve el acompañamiento al menor en su proceso de libertad de conocimiento, obviamente con límites, reglas claras y concretas que da el adulto, pero que le permiten al niño explorar y descubrir”, dice Vásquez. Por eso, el mayor reto que tienen las instituciones educativas que han adoptado el método Montessori es descubrir para qué es bueno cada niño y ayudarlo a ser capaz de manifestarlo y vivirlo, que esté convencido de eso y no quiera ser lo que los adultos o los demás quieran imponerle. “Eso es lo que buscamos y para ello también tenemos que navegar en un mar de conocimiento ofrecido por las diferentes asignaturas que existen en cualquier colegio y que, al tiempo, permiten que los niños puedan identificarse con lo que son realmente buenos y desarrollarlo”, señala Mónica Tamayo.


Entornos que crean autonomía


En el método Montessori es muy importante la creación de un ambiente tan rico en estímulos, pero tan científicamente preparado, que el menor no se vea abordado o atacado por condiciones que hagan que se pierda en su proceso personal de aprendizaje o lo vuelvan hiperactivo. Esos ambientes preparados, diseñados para trabajar con niños agrupados en edades de tres en tres (de 0 a 3, de 3 a 6, de 6 a 9 años), son abiertos, amplios, ordenados y estéticos con el fin de facilitarles a los menores la exploración y el autoconocimiento, entregándoles valor a la personalidad de cada uno y a su ritmo de aprendizaje. “A la par, los estímulos deben ser los necesarios, promoviendo que todo lo que el menor escoja en ese ambiente de libertad le sirva para su crecimiento”, declara la directora del Jardín Infantil Mundo Montessori. “Compartir entre edades les permite experimentar lo que es estar en una comunidad, creando en ellos conceptos como tolerancia, solidaridad, ayuda y respeto”, expone Sonia Sarmiento. Además, los ambientes preparados están estrechamente relacionados con los materiales de desarrollo, científicamente elaborados por María Montessori, manipulables y diferentes a los de tipo didáctico, que tienen el control del error en sí mismo, es decir, que ayudan a que el niño no dependa del adulto para saber si su labor quedó bien hecha o no, sino que, a través del trabajo y la experiencia del infante con el material, pueda crear su propia necesidad de conocimiento.


El Tiempo


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